La parálisis de la actividad económica decretada entre marzo y julio para combatir la pandemia ha lastrado los datos del tercer trimestre en Perú. El Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) ha reportado para este período una caída del Producto Interno Bruto (PIB) del 9,4%, un derrumbe que, sin embargo, marca una recuperación con respecto al 30% del segundo trimestre, cuando el país sudamericano sufrió el peor desplome jamás registrado.

Perú mantiene un toque de queda desde marzo, el sector de restaurantes y hotelería no se ha recuperado y siguen sin abrir los bares, gimnasios y discotecas para evitar el contagio del nuevo coronavirus. Los sectores más golpeados por el desempleo y la crisis económica causada por la pandemia siguen siendo el de los alojamientos y restaurantes -que retrocedió 61.4% en este período- y transporte, almacenamiento, correo y mensajería, que cayó 28%, de acuerdo al informe de INEI difundido este viernes.

“Esa menor caída se debe a que una serie de actividades económicas retornaron con el Gobierno anterior. Esperaría que en el siguiente trimestre, debido a las fiestas de fin de año, sea aún menor, pero la preocupación es qué ocurrirá en el primer trimestre de 2021 debido a una posible segunda ola y consecuentes nuevas restricciones sanitarias”, comenta a EL PAÍS la economista Giovanna Aguilar, profesora principal de la Universidad Católica del Perú.

“Todo va a depender de cómo el Gobierno de transición enfrente la incertidumbre del asunto sanitario y el gasto fiscal de calidad, porque hay empleos destruidos. Hemos visto también que han caído las exportaciones por una menor demanda externa; entonces, frente a la disminución del empleo, la creación de nuevo trabajo tiene que venir del lado público. El nuevo equipo del ministerio de Economía tiene que generar gasto fiscal de calidad en sectores donde haya un efecto multiplicador, como por ejemplo la construcción de obras públicas”, añade la catedrática.

“Es quien más sabe de gasto fiscal”, describe Aguilar sobre el nuevo ministro de Economía y Finanza, Waldo Mendoza, quien asumió el cargo la noche del miércoles, como parte del gabinete del presidente de transición, Francisco Sagasti.

El INEI reportó además que en el tercer trimestre, el gasto de consumo de las familias se redujo en 9,3%. “Debido a la pandemia, quienes estarían en posibilidad de gastar en viajar o ir a un restaurante no saben qué puede pasar, hay incertidumbre y han bajado las expectativas. El Gobierno podría inyectar gasto fiscal, pero también es necesario, para mejorar las expectativas, que la política sanitaria dé confianza: por ejemplo, que las pruebas de diagnóstico de la covid-19 se hagan bien, que se mantenga el uso de mascarillas u otras medidas. Es decir, que las políticas públicas de salud sean convincentes”, refirió la economista.

Aguilar sostiene que aunque aún no hay cifras sobre el incremento de la pobreza en el país sudamericano a raíz de la pandemia, esta no solo ha crecido en la zona rural, sino especialmente urbana. “Sin duda debe haber aumentado”, anota.

Hasta antes de la pandemia, un 72% de la fuerza laboral en Perú era informal y la cifra aún no ha sido actualizada. Por otro lado, cuando concluyó el confinamiento obligatorio estricto, a fines de junio, seis millones de personas habían perdido su empleo formal, según las cifras oficiales. Esta semana, el INEI informó que en el tercer trimestre, casi tres millones de ciudadanos se quedaron sin trabajo, una caída de 17,2% respecto del mismo período del año anterior.