Una de las cuestiones que nos planteamos durante el último confinamiento fue la relación que esta situación estaba teniendo con la práctica de las relaciones sexuales, pues mientras a algunas parejas les sirvió para reforzar sus lazos, incluso mejorar y aumentar las mismas, a otras les hizo justo lo contrario. La incertidumbre, el empeoramiento de las condiciones económicas, el miedo y el estrés, en definitiva, hizo que el sexo pasara a un segundo plano incluso, en muchas ocasiones, desapareciera.

Y es que diversos estudios demuestran que hay relación entre la práctica sexual y el estado anímico, como demuestran la ‘Britain’s National Survey of Sexual Attitudes and Lifestyles’ y la ‘Society for Personality and Social Psychology’, que concluyen que las personas que tienen relaciones sexuales al menos una vez a la semana son más felices. Así, al igual que la estabilidad emocional favorece la práctica de sexo, se establece la relación inversa, por lo que algo tan placentero como un orgasmo puede reducir las situaciones y los estados de estrés.

Y es que el orgasmo, tanto femenino como masculino, produce dopamina y serotonina, dos hormonas que están íntimamente ligadas a la felicidad y, además, a la tranquilidad. El estado de relajación en la que se queda nuestro cuerpo justo después del orgasmo provoca que el estrés se disipe, motivo por el que una actividad sexual regular favorece una mayor tranquilidad mental.

/Escrito por Carla Coalla para El Comercio