El 20 de octubre de 2020 la misión espacial de la NASA OSIRIS-REx alcanzó la superficie del asteroide Bennu. El objetivo era extraer una muestra y devolverla a la Tierra para su posterior análisis. Ha sido la primera vez que una hazaña así se realiza y podría responder a muchas de las grandes preguntas de la formación del universo y del origen de la vida.

“Este es un evento histórico para la humanidad, me atrevería a decir, porque, después de cuatro años de espera, finalmente la misión OSIRIS-REx va a tocar la superficie del asteroide Bennu”, cuenta el astroquímico de la NASA José Carlos Aponte, uno de los encargados del análisis de las muestras del asteroide una vez vuelvan a la Tierra.

La misión comenzó 14 años antes. Sin embargo, no fue hasta 2016 cuando se produjo el lanzamiento de la nave espacial con destino a Bennu y en 2018 alcanzó su objetivo. “Después de dos años de investigar su superficie, finalmente hemos decidido aterrizar en un cráter llamado ‘Nightngale’ para colectar alrededor de 60 gramos de muestra. Podemos recolectar hasta 2 kilogramos y esperamos traer de vuelta tierra y rocas para su análisis en el año 2023“, explica el astroquímico.

Una explicación al origen de la vida

Los asteroides acumulan restos de los materiales que formaron los planetas de nuestro Sistema Solar hace unos 4.600 millones de años. Por lo tanto, podrían contener recursos naturales como agua, materia orgánica y metales. Pero, ¿podrían los asteroides como Bennu, ricos en carbono, haber sembrado la semilla de la vida en la Tierra? ¿Podrían, además, desvelarnos algunas de las claves del origen de nuestro planeta y del Sistema Solar?

Según José Carlos Aponte, la misión OSIRIS-REx podría tener las respuestas a algunas de estas grandes preguntas de la ciencia: “La “o” de OSIRIS significa orígenes, tanto del Sistema Solar como de la vida. El asteroide Bennu contiene reliquias del material primitivo que está presente cuando el Sistema Solar se estaba formando. Por otro lado, sabemos, desde el estudio de meteoritos carbonáceos como Bennu, que estos asteroides contienen altas cantidades de carbono y de compuestos orgánicos que son necesarios para la vida. Entre ellos, los más importantes son los aminoácidos, que constituyen muchas de las proteínas que encontramos en nuestro planeta, incluido el ADN. Pensamos que se pueden encontrar las moléculas necesarias para la vida, también agua, en muestras de Bennu”.

“Los asteroides podrían haber traído a la Tierra, cuando esta se estaba formando, altas cantidades de carbono y material orgánico, también agua, los cuales han resultado en el origen de la vida en nuestro planeta”, asegura el astroquímico de la NASA.

El peligro de los asteroides

Aunque recientemente tenemos constancia de muy pocos impactos de asteroides, según el Laboratorio Lunar y Planetario de la Universidad de Arizona, la Tierra ha sufrido más de tres millones de cráteres de impacto de más de 1 km de diámetro, el más grande con más de 300 km. Por lo tanto, aunque es cierto que las probabilidades de que un meteorito impacte en la Tierra con consecuencias catastróficas son muy bajas, el riesgo existe.

“Decidimos ir al asteroide Bennu porque tiene una pequeña posibilidad de impactar en la Tierra dentro de unos 120 años. No es algo que vaya a suceder muy pronto. Pero analizar su órbita y cómo esta puede cambiar a través del tiempo nos permite predecir y entender, así como prevenir un impacto de un asteroide como Bennu en nuestro planeta”, explica Aponte.

“Hay miles de asteroides entre la órbita de Marte y Júpiter. Es con lo que vivimos. Es parte nuestro Sistema Solar y no podemos evitarlo. Lo que sí que podemos hacer es estudiarlos, investigar y saber cómo se comportan y cómo esas órbitas pueden ser alteradas por diferentes efectos”, puntualiza el experto de la NASA.

Misiones como esta podrían permitirnos conocer más en profundidad la naturaleza de los asteroides, sus recorridos y sus órbitas para, en caso de que un meteorito fuera una verdadera amenaza para la Tierra, saber cómo proceder.

Hasta tres oportunidades

Realizar una incursión en un asteroide como Bennu no es fácil. Su superficie es mucho más rocosa y escarpada de lo que se esperaba, lo que hace que la misión OSIRIS-REx sea muy peligrosa. Pero eso no es todo.

“El material que está sobre la superficie muchas veces es eyectado. Sale del asteroide y vuelve a caer en otro lugar. Es algo que no se sabía antes de observar a Bennu. Pensábamos que era estático, que su superficie era mucho más compacta de lo que verdaderamente es”, explica Jose Carlos Aponte.

Entonces, ¿qué probabilidades de éxito hay para esta misión?

Parece que muchas, pues la NASA es muy optimista y espera que las muestras sean recogidas con éxito. No obstante, la agencia espacial tiene un plan B y hasta un plan C por si este primer acercamiento no puede llevarse a cabo.

“Tenemos hasta tres oportunidades para hacer el muestreo. El 20 de octubre es la primera posibilidad. Vamos a acercarnos al cráter ‘Nightngale’ y vamos a tratar de tocar la superficie. No obstante, si las computadoras de la nave espacial detectan que es peligroso, inmediatamente puede darse marcha atrás. En este caso podemos volver en el mes de diciembre a la misma ubicación. Si nuevamente fallamos, podemos volver en el mes de enero, esta vez a otra ubicación llamada ‘Osprey’, donde lo volveríamos a intentar”, explica Aponte.

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